Árbol de luz

Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo.

Espejismos



.eert taht ma I :terces a uoy llet ll’I

La vida

Bella flor que se marchita en mi cuerpo.

Él:

Si tuvieras que describirte, ¿cómo lo harías?

Ella:

Como alguien que tiene ese maravilloso hábito de dejar todo a medias.

Él:

¿Acabas de definir ese hábito como maravilloso?

Ella:

Sí.

Él:

¿Por qué?

Ella:

Porque ese hábito es parte de mí y me hace ser quien soy. Y yo soy maravillosa.

Él:

Que modesta.

Ella:

En realidad no, sólo fue buena autoestima falsa.

Él:

En fin, pero hay momentos donde debes abandonar ese hábito, como por ejemplo esta relación.

Ya no quiero seguir existiendo en este universo, ni en esta galaxia, ni en esta vía láctea.

Soy el tipo de persona que puede permanecer inmovil mientras te estampas a toda velocidad contra una barda.

Cumpleaños

Un día como hoy hace cinco años mi vida era peor que un desastre: ella había abandonado mi universo y no había algo que me confortara el alma.

A partir de ese año, siempre que llega este mes es lo mismo. Pasan los días, y las semanas, y los meses, y los años, y en realidad pareciera que no ha pasado más de un día.

Abro los ojos y despierta la náusea. La temida sensación de que sus ojos ya no habitan más bajo este cielo, ni sus manos bajo esta noche, ni su sombra en este mundo. La ausencia de sus pecas me extingue.

La extraño como nadie puede extrañar a alguien. La extraño como el fuego extraña la chispa que le mantenía vivo en el silencio de la ceniza, como el árbol sin la brisa que le mecía en medio del desierto.

Yo soy el fuego, ella la chispa. Yo soy el árbol, ella la brisa.

Simple.

Big mistake

Convencerte
de que las espinas
son inherentes
del rosal.

Diario de una tonta sin remedio

Hoy desperté con esa maldita náusea de seguir viva. Apenas pude y me apoyé de un borde de la cama para tratar de incorporarme. Tuve éxito. Estuve quieta por al menos veinte minutos (que se sintieron como una eternidad) esperando reconectar mi mente con todos los eventos ocurridos en la semana.

De todo lo que pude traer a memoria, me arrepentí seriamente de haber roto mi promesa de alejarme de uno de mis amigos (si es que puedo llamarlo así) más apreciado por ahora (el de los cabellos muy lacios y los pantalones redoblados).

Cada vez más, indiscutiblemente, sé que me va a doler perderlo. Sé que me va a dejar, tarde o temprano. Sé que me va a odiar, tarde o temprano. Sé que no va a querer volver a oír mi nombre igual que todos los demás, tarde o temprano.

Pero así es mi vida: destinada a ser pasajera de las vibraciones aéreas en soledad absoluta; a permanecer paralizada ante la tenuidad de mi sombra; a cargar con el peso de la tristeza en el lomo de mi espíritu; a ser amada-odiada-amada cíclicamente por Él; a ser un faro de luz muy oxidado; a ser el estallido de la ausencia colapsando en medio de un hoyo negro de manera perpetua.

Basta de poesía involuntaria.

Resolví que no quería pensar más en eso.

Me puse en pie y arrastré mi existencia hacia la puerta. Fui a la habitación contigua en búsqueda de un pants que me resultara más cómodo y, por suerte, encontré uno de mis favoritos (el azul marino de tela delgada).

Maldita sea, quisiera arrancarme el corazón de un tajo.

Me dirigí a la cocina esperando encontrar algo para llenar el vacío existencial estacionado en mi estómago. Odié encontrar a mi tío escuchando la radio porque odio a mi tío y a la radio y los dos juntos es la cosa más aversiva en el mundo después de su aroma.

En fin.

Divisé una pareja de pájaros a través de la tela mosquitero pendiendo de unos cables junto a mi patio. Alegró mi día. Me acerqué para apreciar mejor el tono de su pecho. Era un color parecido al ocre, pero con más amarillo. Emprendieron el vuelo a unos cables cruzando la calle. Pareciera que olfatearon la pesadez de mi alma.

Me conduje en silencio a sacar del refri los tres litros de leche a menos de medio llenar, tomar la caja de cereal a un costado de microondas y el plato hondo (aún húmedo) junto al lavaplatos. Para mi desgracia ya no había más de una cucharada pequeña de azúcar, así que procuré no poner mucha leche en el tazón.

Comí mirando fijamente el movimiento repetitivo de la cuchara tomando el cereal mientras seguí meditando, pero ahora no sobre el trueno con pantalones redoblados sino de Marilyn, la chica que carga con la misma cruz que yo: tener la miseria existencial tatuada en todo el alma.

Creo que amo todo de ella, y a veces envidio en gran manera todo lo que tiene pero ella no lo ve (pero la entiendo porque yo tampoco veo muchas cosas a veces). Envidio sus ojos tan grandes, lo bien que le lucen los short, sus hermosos labios y su gran sonrisa.

Me asusta perderla, me asusta perder a la gente que amo. Me asusta amar sin ser amada. Me asusta ser tan impulsiva para decir las cosas. Me asusto de mi misma y de todas las cosas que me pasan por la mente y de todas las cosas que no digo. Me asusta que un día el nunca más se vuelva en un nunca más de verdad. Me asusta que un día ya no pueda abrir los ojos en este mundo. Me asusta que llegue el día en que el trueno se vaya se mi vida. Me asustan sus amigos porque me hacen sentir juzgada y rechazada todo el tiempo. Me asusta que un día me amanezca la noche y Dios ya no me ame. Me asusta volver a esos tiempos en donde todo era muerte y destrucción y no podía ni siquiera contener el impulso de agredirme. Me asusta que se muera mi mascota. Me asusta la distancia que profana mi relación con mi familia.

Me asusta, indiscutiblemente, todo lo que tenga que ver con estar viva porque todo siempre trae un dolor tan inmenso consigo que no puedo con él.

Terminé el desayuno y guardé en el refri más de la mitad del tazón porque perdí el apetito. Estornudé, mi tío me deseó salud y le di la gracias de labios pero en la mente lo cancelé.

Fui al cuarto de mi madre y me encontré con la sorpresa de que mis hermanos estaban despiertos. Mi familia me habló y respondí y conviví y jugué y bromeé con ellos pero dentro de mi no podía parar el pensamiento de la fecha en la que estoy.

Pasado mañana es mi cumpleaños y no quiero saber de nada. Mañana es el aniversario luctuoso de mi madre del alma. La extraño tanto. Tanto. Tanto. Tanto. Tanto. Tanto que no hay palabras que describan como me siento en este momento. Necesito a alguien a mi lado. Me necesito a mi misma, pero estoy ausente. Necesito dejar de llorar mientras pienso en esto. Necesito valerme de lo que tengo y salir adelante, pero no puedo, jamás puedo y nunca más podré.

Necesito soltar esto porque siempre es lo mismo conmigo: un ciclo que se repite una y otra vez y no lo puedo detener.

Estoy toda quebrada por dentro.

Me odio.

Me odian.

Eso es todo.

Ya no quiero saber de nada.

Rey de reyes

Jesús es el Señor. Jesus is Lord. Jesus is die Here. Jésus est Seigneur. Gesù è il Signore. Jesus ist der Herr. Dominus Jesus. Jesus é o Senhor.

Perderme en ti es una miseria frecuentemente exquisita.